martes, 1 de octubre de 2013

Fútbol, descansa en paz



Cada vez es mayor el número de personas que muere en los aledaños de un estadio de fútbol. En España, ya son 9 los fallecidos en los últimos años. Países como Argentina suman un total de 256 muertes por violencia en el deporte.    

Diego Balbontín

El fútbol es un fenómeno social que tiene la facilidad de mover en masa a millones de personas de todo el mundo. Su capacidad para generar sentimientos, pasiones, alegrías y tristezas no tiene fronteras. Sin embargo, el juego no sólo se presenta en el campo. Va mucho más allá de un rectángulo en el que 22 jugadores luchan por conseguir la victoria para su equipo. En las gradas y aledaños de los terrenos de juego, la tensión y rivalidad están más que aseguradas.




Tras una encuesta realizada por Televisión española a 3.133 jugadores de 12 países, un 11,7% declara haber sufrido algún acto violento, el 10,2% haber sufrido acoso laboral o amenazas y el 9,6% ha sido ofendido con actos racistas.

Grecia, Rusia, Kazajistán y la  República Checa reflejan los mayores índices de violencia. Tzorvas , portero de la selección griega de fútbol, declaró que "el daño que la violencia inflige al fútbol griego es enorme”. "La situación está fuera de control y no cambiará. Nuestras vidas están en peligro y es muy doloroso hablar sobre esto", añadió Tzorvas.

 En España, con la muerte de Iñigo Cabacas la pasada semana, son 9 los fallecidos por violencia en el deporte. Una pelota de goma disparada por un Ertzaina terminó con su vida en los aledaños de San Mamés. Situaciones más graves se viven en países como Argentina, en la que la suma de aficionados fallecidos supera los 250.

Año tras año surgen jugadores que inventan jugadas imposibles, que levantan estadios enteros con un simple toque de balón, equipos revelación que luchan por alcanzar un objetivo imposible, clubes que se agarran a la última esperanza para no descender de categoría, pero todo esto no es suficiente para algunas personas que ponen al fútbol como excusa para enfrentarse, pelearse y manchar un escudo al que para nada representan.

Estas personas están convirtiendo al fútbol en una montaña de noticias que lamentablemente aparecen en el apartado de sucesos, debido a la violencia que lleva aparejada. La agresividad en el deporte se práctica de norte a sur en todo tipo de países, culturas y campeonatos, pero lo más alarmante es que este tipo de conductas son vistas ya como algo frecuente fuera de los terrenos de juego.

Y es que, en un partido, cualquiera que sea, se pone en evidencia el estrés que muchos arrastran de su vida personal y que atentan sin piedad sobre sus rivales más cercanos: jugadores, árbitros y aficionados del equipo rival.

Andrés Fernandez, ultra incondicional del Racing de Santander, defiende el fanatismo con el que se vive el fútbol en determinadas ocasiones. “Mi trabajo es defender al Racing”, asegura, “los hinchas somos los encargados de difundir el nombre de nuestro club por donde quiera que vaya, nunca lo dejaremos sólo”.


Todo esto lleva a que el protagonista ya no sea el balón, sino el ambiente infernal que se vive en las gradas, un espacio peligroso en el que los asistentes arriesgan la vida sorteando proyectiles o sobreviviendo a graves altercados con consecuencias inimaginables.

 No es imprescindible que los duelos sean a vida o muerte para que la exaltación y la provocación invadan a estas personas. Ni siquiera  es preciso que el enfrentamiento corresponda a una alta competición. En ligas juveniles, en las que debería de primar el juego limpio para el correcto  desarrollo de los jóvenes como personas y jugadores de fútbol, existe la misma violencia, muchas veces llevada a cabo por los propios padres.



Javier y Marta, padres de un chico de 16 años que sufrió graves lesiones en un terreno de juego causadas por amigos y familiares del equipo rival, recuerdan aquel día como el peor de sus vidas. “No daba crédito a lo que estaba viendo”, recuerda la madre, “me entró un ataque de pánico cuando vi que era mi hijo al que estaban apaleando”. Javier afirma que salió corriendo a defender a su hijo y pudo llevárselo de ahí antes de que fuera demasiado tarde.

Con todos estos precedentes, el fútbol necesita que sus protagonistas se manifiesten en contra de estas actitudes delictivas que poco benefician al deporte rey.  De esta manera, poco a poco se podrá acudir a un estadio de fútbol a disfrutar de un bonito partido sin necesidad de esconder el escudo que te hace feliz.

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